ANDA, CALLA Y RÍE
Llega un momento en la vida en el que te das cuenta que has
salido del cascarón de golpe, te sientes como Calimero abandonado a su suerte,
y te repites mil y una veces: “esto es injusto”, hasta que alguien me dice muy
sutilmente “silencio y asume la realidad”.
Antes, todos mis problemas se resolvían en el camino que
había desde casa de mis padres hasta la fábrica de harinas, mientras soltaba un
rollo interminable a mi padre sobre la vida, el trabajo, los estudios y el vuelo de las moscas en verano.
De pronto, no sé cómo ha ocurrido, ni cuando ha sido, pero,
como pasa con la primavera, ha venido el mundo exterior que estaba detrás de mi
burbuja, y yo, como la Pantoja, me dijo “sonríe, dientes, dientes”.
¿Será que la madurez me ha alcanzado a los 32 años?
Me habrá llegado, pero con una sonrisa de oreja a oreja.
Nuria B.
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